lunes, 10 de septiembre de 2012

Newton y su carácter

Sir Isaac Newton ha pasado a la Historia por la redacción de la leyes básicas de la mecánica que llevan su nombre y entre las que destaca la Ley de la Gravitación Universal. Esta claro que la primera imagen que se nos viene a la cabeza del físico inglés es la de un hombre con peluca blanca sentado bajo un árbol, siendo golpeado por una manzana que se desprende de él. Fue su inspiración para explicar la gravedad. Además, fue un  destacado matemático y sus estudios sobre óptica son esencial aún hoy en día. 

Desde pequeño, Newton se mostró como una persona muy desconfiada y competitiva, con un afán tremendo por superar a sus competidores, a cualquier precio. Sostuvo acalorados conflictos con Gottfried Leibniz, por la paternidad del cálculo, y con Robert Hooke  por la autoría de la Ley de Gravitación Universal: aunque sus competidores era reconocidos por sus estudios en sus respectivos campos, Newton siempre se las arreglaba para publicar primero, por lo que conseguía el reconocimiento.

Pero es revelador de su carácter el incidente con un compañero de escuela, Arthur Storer. Newton era el último niño de la escuela parroquial y se sentaba en el último banco de la clase, siendo un auténtico gañán que solo se dedicaba a meterse con sus compañeros. Storer, cansado de las bromas y humillaciones a las que Newton le sometía por ser el que mejores resultados académicos obtenía, le dio una patada en el estómago justo cuando los llamaban para entrar en clase. A la salida, y alentado por el hijo del maestro, Isaac retó a Arthur a una pelea. Pese a ser este de mucha mayor talla, lo derrotó claramente, golpeándolo hasta que se rindió, momento cuando lo agarró por las orejas y restregó su cara contra la pared de la iglesia que hacía las veces de escuela. No obstante, no contento con esto, quiso también derrotarle académicamente... y lo consiguió. Se convirtió en el primer niño de su clase y, para dejar patente su avance, fue grabando con una navaja su nombre en todos los bancos que ocupó.

Afán de superación y perseverancia son dos de las virtudes necesarias para triunfar en aquello que nos proponemos. Pero esta claro que Newton los llevó a unos extremos poco aconsejables. (Quizá la historia de Newton y la manzana fuera así)


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